Viernes 22 de enero de 2016
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Teatro del Lago: Bendita locura

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Comentar lo que sucede con el Teatro del Lago desde Frutillar es una ejercicio doblemente emotivo. El solo hecho de estar frente a uno de los escenarios naturales más hermosos de nuestro país, como es el Lago Llanquihue con el gran volcán Osorno de fondo, implica salir de las coordenadas capitalinas para sumergirse en una trama diferente, donde la naturaleza es la protagonista y las personas pasan a través de ella.

Hablar del Teatro del Lago desde Santiago, la capital, es un ejercicio de impostación, como le sucede a las voces de los cantantes, que tienen que cultivarlas y educarlas para poder utilizarlas de manera profesional. Así, nosotros, los santiaguinos, para entender lo que significa este enorme edificio ubicado a orillas del Lago Llanquihue y que se ha convertido en uno de los faros culturales más importantes del país y el continente, debemos introducirnos en el trabajo que se ha venido desarrollando para entender lo que se puede denominar un fenómeno cultural de primera línea.

Las tradicionales Semanas Musicales de Frutillar fueron la semilla que se hundió en el alma de una familia alemana que, como tantas en esta zona del país, ha dejado su sello. El evento musical que ya cumple casi 50 años de vida, donde la Corporación como el gobierno regional junto a la Universidad de Chile y la Fuerza Aérea lograron mantener esta instancia con esfuerzo y con la quimera de verla algún día convertida en un ejemplo. Este anhelo fue traspasado a un grupo familiar que entendió que esto ya había madurado lo suficiente y que era tiempo de darle forma a un espacio estable y digno. Esta “locura” de la familia Schiess, como fue considerada por muchos, se ha convertido en un paradigma de cómo lo impensado se puede hacer realidad, con la construcción de un teatro de lujo que ha ovacionado a enormes artistas en su escenario. También ha sido una experiencia marcadora en la vida de los millares de niños que cada año son parte de las jornadas educativas, principal foco de un Teatro que fue concebido como un espacio de crecimiento comunitario y no solo para la elite de nuestro país, como lo ha sido el Teatro Municipal de Santiago y que recién empieza a aprender de esta exitosa experiencia.

Comentar lo que sucede con el Teatro del Lago desde Frutillar es una ejercicio doblemente emotivo. El solo hecho de estar frente a uno de los escenarios naturales más hermosos de nuestro país, como es el Lago Llanquihue con el gran volcán Osorno de fondo, implica salir de las coordenadas capitalinas para sumergirse en una trama diferente, donde la naturaleza es la protagonista y las personas pasan a través de ella. Y traspasar esta sensibilidad que va desde lo terrenal o lárico, para decirlo en términos poéticos hacia otra, la de la clave cultural, es una transición que sobrecoge.

El imponente edificio maravilla al visitante que no deja de asombrarse y también, porqué no decirlo, de agradecer a quienes tuvieron la lucidez pero sobre todo, la generosidad de hacer realidad lo que era simplemente un sueño. El Teatro del Lago es un lugar de ensoñación en todo sentido. El sueño de la familia Schiess que perseveró y desoyó los malos augurios que venían de los acomplejados de siempre e invirtió, no en el rubro hotelero ni inmobiliario como lo han hecho durante décadas, sino que además en un Teatro de primerísimo nivel en toda la línea, desde su arquitectura, capacidad y diseño acústico, hasta la vocación comunitaria y educativa que son el sello en su gestión. Han sido ellos el motor y sostén de un espacio que ya ha probado que no era ni una locura ni un sueño pensar en un espacio cultural del primer mundo en estas latitudes. Las cifras respaldan una gestión hecha son la seriedad de quienes han puesto su cabeza y también el corazón en este proyecto. Pensar que cada uno de los cinco años que el Teatro del Lago ha estado funcionando ha beneficiado a 20 mil niños con becas y programas educativos conmueve. Porque quienes somos padres primero, y que trabajamos en el mundo de la cultura, sabemos que este contacto está permitiendo que los que son hoy niñas y niños pero muy luego adolescentes y hombres y mujeres de esta patria, no habrán quedado indiferentes con esta experiencia. No se trata solo de nuevas vocaciones artísticas que, de seguro irán surgiendo, sino que de la sensibilidad que se educa en torno a las artes lo que les permitirá ser más felices.

Este fin de semana, el Teatro del Lago cerró su Temporada 2015 con un espectáculo coral muy emotivo y didáctico. Se trata del Coro de Niños de Keystone, una agrupación integrada por niños y adolescentes de Filadelfia, Estados Unidos, y que son reconocidos como uno de los más destacados de ese país. Para ellos, solo se había programado una función el domingo 27 de diciembre, como gran broche de oro, sin embargo, debieron abrir una nueva función para la noche del lunes 28 ya que la demanda por verlos fue enorme…Esta es la muestra de cómo el público ha logrado valorar la oferta de calidad de un espacio que se tildó como una locura…¡bendita locura! Que necesita del apoyo de otras familias para seguir la vocación a la que está llamado.

 

ver fuente: http://radio.uchile.cl/2015/12/29/teatro-del-lago-bendita-locura

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