Lunes 16 de noviembre de 2015
Radio Beethoven

Celebrando cinco años a lo grande

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El Teatro del Lago cumplió cinco años de funcionamiento donde no todo ha sido figuras rutilantes de la música y la danza mundiales, sino que ha trabajado arduamente por difundir la cultura en la Región de los Lagos. Cinco años que en materia de música podríamos resumir en cinco hitos. Estos son, cronológicamente, la Sinfónica de Bamberg, Helmut Rilling (con sus tres visitas), Yo-Yo Ma, Pierre-Laurent Aimard, a quienes sumamos el quinto punto alto, el que sirvió para la celebración de esta media década, eñl debut en Chile de Maxim Vengerov. El conspicuo violinista ruso hizo lo que tenía que hacer, ofrecer un recital impecable acompañado del pianista Vag Papian.

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Discursos conmemorativos (dos para ser exactos) se intercalaron con el desarrollo de un programa que justificó plenamente las credenciales de Vengerov como maestro de su instrumento. El inicio no pudo ser mejor, con la Ciaccona de la Partita 2 de Bach. Esta joya de la historia de la música resonó en la salón Tronador del TDL de manera modélica, sin exageraciones de dinámicas, y con naturales transiciones. Una experiencia casi mística que rememora lo realizado por Rilling en el mismo recinto. Algo similar sucedió con la Sonata en Do menor de Beethoven, que introdujo a Papian como un magnífico intérprete en sí mismo, además de la sincronizada complicidad entre ambos músicos.Lo notable de Vengerov es que su alta pirotecnia técnica no conduce a interpretaciones vacuas, tal como quedó expuesto en la querida Sonata de César Franck. Sin un atisbo de boato, la nítida versión logró emocionar, encaramándose como lo más impresionante del concierto.

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El resto del programa estuvo enfocado a realzar el virtuosismo del ruso. La Sonata 6 para violín solo de Ysaÿe es una pieza más bien amorfa, cuyo interés radica precisamente en dar material a los violinistas para la exuberancia técnica, la cual por supuesto Vengerov vertió en una abultada dosis. Lo mismo en el Estudio 6 de Wilhelm Heinrich Ernst, que al menos tenía la ventaja de estar basado en una canción tradicional irlandesa (“The Last Rose of Summer”), que le daba un esqueleto. Y si de lucir técnica violinista se trata, qué más adecuado que Paganini, con dos piezas menores (Cantabile e “I Palpiti”) que reafirmaron los dotes interpretativos de la dupla. La despedida ante un público transfigurado por el nivel expuesto, se dio con dos encores, la “Meditación” de la ópera “Thais” de Massenet y la Danza Húngara No.5 de Brahms. Emoción en la primera y deslumbrante técnica en la segunda, y es que Vengerov dejó en claro que puede aunar ambas cualidades.

 

Álvaro Gallegos M.

16/11/2015

Fotos: Juan Millán

Fuente: Radio Beethoven 

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